Nos ordenan qué hacer y qué no. Cómo y cuándo. Nos convocan para manifestarnos en contra de la violencia y ellos hacen campaña con insultos, mentiras y descalificaciones. Nos dicen que “eso esta mal”, “eso no se hace”, y al instante se enfundan la chaqueta de doble forro y se convierten en hooligans políticos, dispuestos a sacar rédito a costa de quien sea. Aseguran que saben perdonar, pero nunca rebajan el tono de sus declaraciones. Nunca darán el primer paso redentor. Nunca dan ejemplo. Nunca actúan como quieren que el resto de ciudadanos se comporten.
Traicionan sus principios durante la legislatura y cada cuatro años nos los recuerdan para que, aunque él no sea nuestro “preferido”, votemos por unos ideales, que ya están muertos. Normalmente, el que más apoyo popular tiene (porque es sincero o porque dice las cosas como las siente) es ninguneado en su propio partido por no seguir a rajatabla las directrices del más alto mando que esta situado a
En épocas preelectorales cultivan más que nunca el germen de la frustración y de la crispación; cortan lazos, inauguran parques, carreteras, túneles o instalaciones deportivas. Prometen, juran y perjuran que realizarán esto o aquello. Visitan asilos, hospitales y barrios marginales. Son aclamados, vitoreados, vilipendiados e insultados en igual proporción pero siempre son ellos las víctimas, los que salen peor parados. Al contrario que en cualquiera resultado electoral. Todos ganan. Nadie pierde.
Intentan mostrarse naturales, pero en realidad no se dan cuenta de que desprenden un aroma a copia ilegal. Se muestran cómodos en la confrontación, por eso la buscan y la encuentran. Es, por así decirlo, su hábitat natural.
Benefician a sus amigos del colegio o de
Pactan con unos, con otros, pactan incluso con los que decían que nunca lo harían con el único objetivo de perpetuarse en el poder. Generalmente siempre encuentran un archienemigo, con el que se sienten cómodos en la discusión y descalificación. Sus frases favoritas son el “y tú más” o “él empezó primero”. Se comportan como niños en sus reuniones. Patalean, gritan, abuchean y meten ruido cuando hablan los demás. En sus lemas buscan el futuro, pero nunca reconocen errores del pasado. Nunca pedirán perdón por sus errores. Ese no es su estilo.
Cada cierto tiempo,pedirán tu voto y dirán que seas bueno. Que no protestes. Que estés callado. Que todo va fenomenal, que no hay ningún problema y que está todo controlado. En ese momento se olvidarán de ti.
Sin embargo, una vez cada cuatro años te dirán que les des tu confianza. Que tengas fe en ellos porque son los más indicados para dirigir un municipio, provincia, región o país. Cuando cuenten con tu esperanza olvidarán sus promesas. Todos los recuerdos se borrarán de su disco duro. Amnesia política lo llaman.
Y aún así, cada cuatro años volvemos a confiar en ellos. Nos dicen que la participación en la vida política es un ejemplo de democracia y nosotros nos lo creemos. No sé si conseguirán engañarme otra vez. Lo que sí se es que hace tiempo que no busco al mejor, sino al menos malo.

Hola, muy buen análisis...entre promesas electorales incumplidas, ambición y corrupción
se mueve la clase política...
Saludos.